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El cigarrillo electrónico. Por favor, no mezclar manzanas con naranjas.

Esta semana se ha sabido que cientificos de la prestigiosa Universidad Johns Hopkins iban a publicar un estudio en que se demostraba que el vapor de los cigarrillos electrónicos contiene altas dosis de varios metales.

Como suele suceder en este tipo de estudios la noticia circuló por la red a gran velocidad sin que nadie se tomara la molestia ni siquiera de echar un vistazo al estudio o de consultar a otros expertos al respecto. Esta es la modernidad del titular y la polémica. Y el titular era de los que gustan a los periódicos ingleses. “Metales tóxicos relacionados con daños cerebrales en el vapor de los cigarrillos electrónicos”. Nada más y nada menos. Con eso tenemos que vivir. Y no hay nada que podamos hacer, pero por si acaso podríamos leer cuales son las conclusiones reales del estudio. Los investigadores utilizaron para su estudio los llamados límites EPA, las concentraciones en el aire que respiramos cada día, y que al menos en las grandes capitales los tenemos bastante mal. Pero allí está el “engaño”, nadie va vapeando todo el día como si respirara. Los standards medioambientales no nos sireven para medir concentraciones en vapores que se inhalan esporádicamente. Puro sensacionalismo!!!

El Dr. Konstantinos Farsalinos, investigador del Onassis Cardiac Surgery Center de Atenas fue el primero en pillar el truco. Dr. Farsalinos publicó enseguida un post en su página de Facebook (Facebook post) alertando de las exageraciones del estudio de la Johns Hopkins. Los residuos de metal son en algunos casos tan bajos, advierte Farsalinos, que ha calculado que se necesitaría vapear más de 100 ml cada día para pasarse de los límites. Los autores del estudio parece que olvidaron que un humano respira 17.000 veces al día y solo dará 400-600 caladas de un cigarrillo electrónico.

En conclusión, que los de la Johns Hopkins no encontraron nada extraordinario, nada que deba alarmar a nuestros clientes. Estos estudios propagandísticos o anti-anti van perdiendo credibilidad cada día que pasa. Los resultados fueron mal interpretados para crear pánico entre los consumidores. Sí, es cierto que hay rastros de metal en el liquido del vapor, pero no en concentraciones que puedan preocupar. Los fabricantes deberían no obstante concentrarse en eliminarlos o reducirlos al máximo. Fin de la historia.

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