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2017: mal año para las máquinas expendedoras de tabaco

De sobras es conocido que hay un antes y un después tras la intervención del Comisionado para el Mercado de Tabacos en los contratos de publicidad en el segundo canal entre las marcas y los estanqueros y/o explotadores de máquinas. Un final traumático con sanciones desproporcionadas, ahora ya desestimadas, que causó un terremoto enorme en el sector. Una forma de negocio win-win que comenzó como un complemento de retribución al estanquero y que acabó como un boomerang en contra de él.

Si tuviéramos que elegir un acontecimiento negativo de la última década, seguramente podría ser este. Este significativo hecho fue de tal magnitud que modificó el mapa asociativo de nuestro sector en España, entre otras cosas, apareciendo nuevas plataformas y asociaciones de afectados directos por el hundimiento de ingresos. Igual quisieron matar a los grandes explotadores, posiblemente por prácticas alejadas del espíritu de la regulación por el abuso de la misma, a cambio de dejar el segundo canal en los huesos. Sin esa retribución complementaria, que tenía defectos pero también la gran virtud de garantizar el suministro de labores de tabaco en todo el territorio nacional, la rentabilidad de un número determinado de máquinas desapareció de la noche a la mañana. La respuesta no se hizo esperar, una reducción significativa del parque, con todo lo que ello conlleva. Si los estanqueros hicieran números y afinaran el lápiz, todavía se iba a reducir más este parque.

Quizá con la aparición e implantación de la telemetría en el segundo canal seamos capaces de revertir y optimizar algo más este negocio. Sin tener en cuenta lo poco agradecido que supone tener una inversión de estas características -máquina expendedora de 2.000 a 3.000 € + tabaco en depósito 1.500 € + monedas para cambio 300 €- en un establecimiento hostelero o en una gasolinera, sin ningún contrato que vincule esa relación comercial o depósito, dependiendo en gran medida de la buena voluntad de depositante – bar, restaurante o gasolinera- y de su buen hacer. Porque aunque la gestión delegada nos permite un control sobre el negocio directo hay cosas que no podemos controlar. No podemos controlar las protecciones que dispone frente a robos el establecimiento y el número de robos en máquinas expendedoras sigue aumentando. Tampoco podemos controlar los traspasos de los establecientes con nuestras máquinas dentro, las desapariciones de las mismas, los acuerdos entre terceros que incluyen estos equipos, etc…

En definitiva, un negocio demasiado importante para el sector- cerca de un 40% de las ventas- aguantado por los pelos, sin ninguna ayuda, tan solo la voluntad y la necesidad del estanquero de seguir peleando por su negocio. Este año 2017 acaba como lo empezamos, con bajadas en las ventas. Y ya van unos cuantos.

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